lunes, 16 de octubre de 2017

Y después, todo

Lo cierto es que sobre unos cimientos ya derruidos no podías construir nada, es por ello por lo que preferiste no mirar nunca abajo, y seguir avanzando. Hay veces en la vida que necesitamos hacer una pausa, replantearnos si las vistas que tenemos frente a nuestros ojos son con las que soñamos en un principio, y creéme que no hay nada que duela más que ver que el paisaje está ardiendo.

“Después de comerse a besos y de sentirse como extraños en ese asiento de atrás, empezó a pensar en lo frío que era todo. En que ella no estaba hecha para lo que llevaba haciendo años. Quería querer, tener complicidad y sobre todo reír. Le pusieron la mano en la pierna, y lo único que sintió fue frío. Tardó solo un minuto en volver a vestirse y en volver a poner sus sentimientos en orden. No quería tener otra vez lo que tuvo y no tuvo, no quería notar el frío del invierno en compañía, esta vez quería hacerlo sola. Arrancó el coche y sonó en la radio aquella canción de Pereza que tan bien describía el momento que acababa de vivir. Que venga la magia y estemos solos, solos, solos, solos.
Una hora después, ya en su casa, se dio cuenta de que jamás había existido esa magia de la que habla Pereza en algunas de sus canciones; solo una especie de pasión que no se parece en nada a la que había vivido con esa otra persona. Aquella noche se dio cuenta de que no quería unirse a otro cuerpo, ni quería a alguien que la llevase a lo más alto para luego ahí empujarla al vacío. Quería ser feliz, y eso solo lo conseguía volviendo a ser esa niña que escribía todos los domingos, que se paraba a mirar el paisaje cada noche, convencida de que aquello que estaba viendo no podía ser más bonito.”

Finalmente lo comprendió: no juegues encima de una cicatriz que no está curada del todo, deja que se termine de cerrar y luego, cuando todo esté en orden y el paisaje sea como recordabas, vuela otra vez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario