Quizás todo comenzó con dos promesas, la primera la hiciste
por la gente que quieres, y la segunda, muy en el fondo, la hiciste por ti. Y
es que, cuando el dolor te ataca y no te lo esperas, es como si te atacase de
una manera mucho más fuerte.
De repente un día despertáis y os dais cuenta de
que vuestra vida solo ha empezado a cambiar, que os esperan días de no entender
al mundo, de no querer seguir luchando, de quedaros sin ganas. Os preguntáis
mil veces por qué, por qué a mí, por qué
existe semejante mal en el mundo, por qué no tengo fuerzas, y, finalmente, por qué me cuesta vencerlo.
Os puedo asegurar, que, aunque tengáis momentos de
debilidad o inseguridad, para nosotros, los que os vemos desde fuera, sois el
mejor ejemplo de superación.
Se alimentó a base de robarte un poco de vida, se llevó un trozo de tu
cuerpo, y sobre todo te quitó el aliento. Pero te dio fuerzas, ganas de seguir
adelante y seguridad en ti misma. Empezaste a quererte incluso más. Fue quizás lo más doloroso que viviste y que vivieron los de tu alrededor, pero
conseguiste que con tu empeño, confianza y motivación, tu vida comenzase a verse de
rosa.
Mucha gente que sufre, y una sola meta; que consigamos salir
adelante, que no nos marque nuestra vida. El 15% de mujeres,
desgraciadamente, no consigue un final feliz en esta lucha y mientras exista un
porcentaje, por mínimo que sea, reivindicaremos por aquellas que fueron presas.
Recordaremos y seguiremos brindando en su nombre, porque no les quita de ser
vencedoras, y es que cada día me repito a mí misma que en la vida real el malo
siempre es el vencido y nunca el vencedor.
Y a vosotros, hijos, maridos, amigos, familiares, y todos los que apoyáis en este causa, gracias. Gracias por permanecer ahí, apoyando y dando cariño, gracias por no dejar que el barco se hunda y que siga durante todo el tiempo a flote.
Vosotros sois igual de importantes
y vosotras, eternamente vencedoras.