viernes, 5 de octubre de 2018

Y cuando no quede nada, todo.

Aquel día empezaste, sin tú saberlo, una de las mayores guerras.
Terminé uno de los mejores libros que he leído, rompí mi botella de agua favorita y tiramos -esta vez en plural- lo más preciado que teníamos. Te pedí mil veces una tregua, y me repetiste mil veces que no me la darías. Claro, esto me lo dijiste entre líneas, y yo entonces no sabía leer(te). Me fui a la cama con la conciencia más tranquila que nunca, echando de menos a los personajes de mi libro favorito y pensando en los trozos de cristal que me había clavado. Pero no pensé en ti, ni tampoco en mí. Ojalá algún día sepa en qué momento dejó de ser nosotros.
Lo que siempre te dije, pero tú nunca entendiste, es que es importante el tiempo que le dedicas a una persona, pues éste, junto con los actos será lo más importante una vez echemos la vista atrás. No te culpo, pero tú, al igual que yo, tampoco sabías leer entre líneas. Y fue entonces cuando nos dejamos ir.
Pensaba que en la vida de una pareja, tarde o temprano, llega un día donde se tocan por encima del mantel y ya no se sienten; están tan acostumbrados a tenerse que han dejado de valorar las cosas que les unen, el tiempo dedicado y han olvidado que las cosas que les diferencian, les acercan más. Aunque también creía que eso les pasaba a las parejas normales; los que no se reían, los que no se querían y los que no daban nada el uno por el otro. Ahora no paro de preguntarme qué tipo éramos nosotros; pues dejamos de reírnos hace días, dejé de sentirme querida hacía semanas, y no sé en qué momento empezamos a darnos.
Quizás el error fue mío, por pensar que éramos una pareja distinta al resto, de ésas que lo hacen todo del revés.

Si ya no hay ganas,
no queda nada.


sábado, 7 de abril de 2018

Felicidades pequeño mío

Con un poco de ganas, paciencia, querer pedir perdón y saber perdonar, dos personas son capaces de avivar una llama que durante algún tiempo, estuvo apagada.

Y es que, si nos centramos en nuestra relación, no siempre hemos tenido momentos tan  buenos, ni tan intensos. Pero lo cierto es, que al final, nuestros caminos se volvían a unir, tal y como nosotros prometimos en un principio. 

Hace 21 años, iluminaste todo Andalucía con esa sonrisa de bebé que a día de hoy sigues teniendo, con ese corazón que solo sabía querer, y con una personalidad, alegría y simpatía, que no he visto en nadie, nunca jamás. Y es que, hace 6 años, te plantaste en mi vida como el huracán que eres, y revolviste todo. Desde entonces, todos los acontecimientos importantes de mi vida, los has vivido conmigo, y presumo de que, mientras yo descubría el mundo con 15 años, tú como mi hermano mayor sobreprotector, lo descubrías a mi lado. 

Todas las veces que pensábamos que el mundo se caía, los malos momentos, el primer desamor, nuestras crisis, los mejores momentos, las pausas, las ganas de querernos, o incluso los momentos de saber qué somos;los solucionamos juntos. Ahora sé, que no podría ser de otra forma. 

Gracias por sacar del peor momento, la mejor solución. Por enseñarme que el mejor hermano del mundo no es quien te saca de los problemas, sino el que te enseña a salir tú sola. Por quererme como nadie, por hacerte querer con la misma ilusión con la que vivo el primer día de vacaciones. 

Hoy cumples 21 primaveras, las cumples lejos de mí, porque aún no hemos conocido nada que no sea la distancia, pero hay algo que siempre he querido decirte... que la distancia la ponemos nosotros junto a los límites; y nosotros no conocemos límites. 

Ojalá algún día sea tan fuerte como tú
y ya no necesite que seas mi salvavidas
Y ojalá algún día, 
no necesitemos salvarnos.