sábado, 30 de diciembre de 2017

2017, gracias

Empecé creyendo que todo lo que realmente quieres se cumple, y terminé cumpliendo cada uno de mis sueños. Quise ser salvavidas, y terminé necesitando que la gente que más me quería me salvara. 
Pude ver en la cara de mis mejores amigas lo que es estar a punto de cumplir un sueño, y aprendí que vivir para trabajar es de lo mejor que te puede pasar si después, terminas celebrándolo con quién más quieres. Conocí a gente que supo sacarme sonrisas cuando nada bueno tenía, y sinceramente, estas mismas personas fueron las que me enseñaron que ahogada no se puede vivir. 
Acepté proyectos que jamás hubiera aceptado si no hubiese estado rota, y bailé con la soledad cada domingo, en este pequeño blog. 
Quise avivar una llama que hace tiempo se apagó, y fue esta llama la que me avivó a mí para volver a empezar a apostar por aquello en lo que hace años había dejado de creer. 
Aprendí que marcharse, es otra forma de acercarse y conocerse. Aprendí que la tristeza no es eterna. A llorar ya sabía, pero aprendí a hacerlo a escondidas, por miedo de hacer daño a quien me quiere. 
Pero ante todo reí, y pude liarla junto a mis mejores amigas en los pasillos de la universidad, en las calles de Madrid, Oporto o Segovia. Porque a enredar el mundo lo he aprendido con vosotras; a valorarme más, también me lo habéis enseñado vosotras y juntas vamos a llegar hasta donde nos propongamos.
Quise que el mundo frenara y dejara de ir tan rápido, porque estaba cansada de llegar ahogada a los sitios, pero esto nunca sucedió; y entonces, fui veloz como una fiera.
Hemos conseguido viajar, después de 8 años juntos; y sois vosotros seis los que me hicisteis ver cada tarde, en el bar de la esquina, que, si os tengo a vosotros, no necesito más. Y ojalá pudiera sacar más tiempo para seguir viendo cómo avanzáis. Porque esto ya lo sabía, pero lo he reafirmado: lo de siempre, siempre es lo mejor. 

No me quedó otra que aprender a decir adiós, llorando de rabia y llegando todas las noches a casa, buscado el calor que llevaba dándome 15 años. Y al final, me tuve que acostumbrar a la soledad que me produce que ya no estés, y me basta con soñarte. Aunque días como hoy, haría lo que fuese para que volvieras a nuestro lado y así dejar de sentir por un día la soledad. Después de más de medio año, sigo siendo incapaz de escribir sobre ti, y espero que te baste con este poquito, pero te juro que en mi corazón está todo el cariño y amor que te di, y no he perdido nada.

Al final, terminé aprendiendo que las cosas que no pueden ser, simplemente no serán; que no sirve de nada amarrarte a una estructura sin cimientos, porque más pronto que tarde se terminará derrumbando. La palabra distancia se convirtió en una guerra, y, naturalmente, el que más quería era el perdedor. Me acostumbré a estar sola, y en cuanto me sentí un poco acompañada me entró miedo; no podía tener un naufragio entre mis manos, y menos aun cuando jamás hice nada por entenderlo. Tuve que decir adiós, y esta vez por voluntad propia; el miedo que tenía a sentir dolor en el pecho izquierdo era tan grande que terminé ahogándome en un mar de soledad. 
Pensaba que lo más doloroso era escuchar un "ya no te quiero", pero me di cuenta que era mucho más duro el silencio que venía después. Y es que, ante todo perdí a un amigo que seguía ahí cuando ya todo el mundo se había ido.
Con esta historia, también he aprendido mucho, y es que me he dado cuenta de que prohibir a la gente mencionar tu nombre no era una solución, pues la solución siempre estuvo dentro de mí, y en ningún otro lugar. Que los consejos de la gente no deben ser tu única guía, pues nadie como tú conoce la situación porque nadie lo ha vivido. 
He aprendido a observar lo que veo, y ya no solo miro. La tormenta es necesaria para que aprecies al sol, y me he dado cuenta de que tus manos ni me protegían, ni me resguardaban; simplemente desgarraban, al igual que los cristales que se esconden bajo las alfombras y que nadie recoge. Pues bien, yo cierro el año habiendo aprendido a recogerlos, y te juro que ya no queda ninguno.

Hoy soy consciente de que lo único malo que hice fue querer a alguien con la misma ilusión que un niño en la noche de reyes. Y ahora sé que esto no es malo, sino algo precioso, y es que hay gente que se muere sin haber querido de verdad, y yo he descubierto que no hay nada más bonito, incluso cuando el final no podría haber sido peor. 
Termino el año sin poder decir lo que siempre quise decirte, y ahora sé que jamás te lo diré, pero ya no lo necesito. 
Ni nuestro amor era tan bonito, ni tan grande. Y tú, tampoco eres el amor de mi vida, porque me he dado cuenta de que ese puesto lo sigue teniendo quien, hace cinco años, se acercó en una noche de diciembre sigiloso a revolverme el corazón. 

Y, aunque la distancia me quitó la amistad más real que había conocido, en otra parte del mundo, la distancia nos hacía aún más fuertes. Siempre he sabido que el mejor amigo es aquel que no te deja sola en el camino, y por eso me salvó todas las noches desde octubre a diciembre, y sé que este año seguirás acompañándome, porque a tu lado solo tengo una opción; seguir hacia delante, y contigo; siempre. 

Finalmente, aprendí que era más fácil nadar que hundirse, que el camino a la felicidad, paradójicamente, estaba repleto de tristeza, pero cuando alcanzas la meta has crecido de verdad; que el silencio fueron luces de neón para el olvido y que ese mismo silencio es la única manera de curarse. 

Salvavidas, tú no lo sabes
pero me has vuelto a salvar
y me has devuelto a la vida
otra vez. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

El fuego no funde al hielo

A ti, que sabes cómo amansar a una fiera antes y después de cada tormenta.
A ti, que eres mi ejemplo de superación y de vida.
A ti, que me aguantas a las malas, y lo que es aún peor,
a las buenas.
Tú, que estuviste en mis años más duros, y ahora no te rindes
y sigues a pie del cañón,
iluminando con tu faro
guiándome en las noches más oscuras.
A ti, que me conoces como nadie y me cuidas como a pocos.
Tú, que me llenaste el vaso cuando lo tenía medio vacío,
y me lo arrancaste cuando empezó a derramar,
no solo agua, sino sangre.
Eres la persona con la que pido y quiero pasar
el resto de mi vida.
Y joder, espero que así sea, porque me iría a vivir con cada uno de tus gestos
todos los días de mi vida, 
Y recuerda, ni Jaén ni Madrid.
Y no olvides, que tú y yo, y nadie más
Porque sí, aunque seamos un desastre
juntos somos el mejor desastre.

A ti, que amansaste a una fiera, y luego la incendiaste.
Se nos fue la vida en el último suspiro
y solo quedamos tú y yo
pero jamás necesitamos
a nadie más.