El día de hoy será recordado como el sábado que dejé de echar de menos los sábados a tu lado. La hipocresía se acomodaba en el sofá, el odio y el rencor no importaban, sabíamos dejarlos encerrados en nuestras habitaciones. Todos los días me repetía veinticinco veces qué pasará cuándo no haya ganas
como siempre sigues siendo mi número favorito y nada. No pasó nada. Porque siempre fingíamos, siempre nos dábamos besos sin ganas y siempre siempre nos mentíamos antes de dormir.
Hay algo que te escribí en la última carta, un mensaje entre líneas, pero como siempre tú nunca supiste entenderlo. De cada veinticinco errores que tú cometiste, yo cometí veintiséis. Y qué bien sienta reconocerlo, joder.
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