sábado, 15 de marzo de 2014

Hace tiempo que no pienso en tu cornada... hace tiempo que lo echo a cara o cruz.

Sí, podría darte mi número, y pasarme noches contando los lunares de tu espalda. También podríamos ser agua, o ser de los que se quieren con locura pero nunca lo reconocen. Al principio las ganas de besarnos serían locas, pero después las ganas de ignorarnos ganarían a todo. Los días a tu lado serían lo mejor, y las noches inolvidables, pero llegaría el día que me pusieras la mano en la pierna y yo no lo sentiría. Y dejaríamos de lado los comentarios de los demás, y de paso las ganas. Cambiaríamos el te tengo ganas a mejor lo dejamos para otro día. Y finalmente llegaría el verano. Y diríamos mejor lo dejamos para Septiembre. Y pasarían los otoños como pasan los veranos, como pasan las horas, como pasan los trenes que no cogemos. Pasaría. Y un día, en ese vagón de metro que conecta tu sonrisa con mis ojos nos encontraríamos, y nos daremos cuenta de que sí, que nos queríamos. Y el mundo volvería a ser de color, y nosotros un poquito más triste de lo que ya somos.

Y por eso no, no voy a darte mi número. Ni mis ganas de querer, ni de sonreír. Porque ya he tenido una de esas historias que empiezan bien y acaban mal. Y no me apetece querer a nadie, no me sale. No quiero.

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