Están siendo días duros, días de darte cuenta de la realidad, de ver quien estará siempre ahí y quién se fue hace mucho. Están siendo días de mentirse a uno mismo, de decirle al corazón que no te echo de menos, y es que están siendo días grises. Días tan grises como cuando te marchaste en Enero y como cuando volviste en Abril diciendo ¿lo intentamos otra vez? claro que sí cielo, no te olvido ni aunque pasen mil años. Y es que es la verdad, no te saco de mi cabeza a pesar de la tormenta y del naufragio. Porque muchas veces pensamos que hemos conseguido ganar la batalla, que ha ganado la razón al corazón y que lo malo siempre acaba siendo bueno, pero lo cierto es que a veces la vida nos sorprende con malas noticias y con malas jugadas. Vuelven a jugar con tu corazón cada mes de Enero, y siempre acaba rompiéndose. Ya sabes como soy cielo, si tengo un mal día la pago con todos. Y al final fui yo la que pagó mis malos días con la vida, con la misma que me da cosas sin pedirlas y que me las arrebata cuando al fin soy feliz. Yo nunca te pedí que vinieras, pero no te marches jamás. Hoy es uno de esos días que si te hubiera llamado hubieras venido, llevo escuchando música desde que me he levantado y solamente para evitar pensar, para evitar escuchar a mi corazón. Porque no se calla, porque me dice que hoy es 2 de Abril, día de reconciliarnos, y no puedo, hoy no puedo. Estas paredes moradas me acogen durante todo el día, y sinceramente no me apetece irme de aquí. Y es que cariño, en eso de cagarla estamos empatados, pero por eso te pido que me quieras un poquito más, porque a mi no me sale.
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