Cuando todo empezó a girar, y solamente estábamos los dos, yo apoyada en ti, pensando que quizá esta relación solo me iba a doler más y más. Que probablemente no sería sana, pero en ese mismo momento descubrí que me daba igual, que ya son siete meses, con peleas o sin ellas. Con rupturas y sin ellas, pero me dí cuenta que quería tus besos y no los de otro. Que quería que fueses tú el que me abrazaba, y no otro. Y entonces recordé tus palabras; "para eso estoy cielo, para lo bueno y para cuando estés echa mierda. Siempre estaré ahí." Y llegué a la conclusión de que te quiero como nunca he querido a ninguno. En ese momento tenía tus besos y no necesitaba más. Te quiero, te quiero, te quiero y te quiero.
Cuando temblaba y estabas ahí para apretarme la mano, para sacarme una sonrisa, para decirme "cuando quieres eres fuerte, eh." y entonces sonreía. Lo único que quería era estar a tu lado. Simplemente eso, no pedía más.
O quizás sí, si pido más. Pido estar a tu lado y sacarte esas sonrisas que tanto me gustan. Y sentirme igual de feliz que un niño con su caramelo. Sí, que seas mi caramelo y yo tu niña. Tenerte. Oír tu voz y ser feliz. Superar todo y no dejar de quererte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario