miércoles, 21 de junio de 2017

"Aunque nos olvidemos de olvidar, seguro que el recuerdo nos olvida"

Hoy, y más que ayer
y más que nunca,
te agradezco que me obligaras a dejarte volar.
Porque desde entonces, he creado un abismo que me mata poco a poco, has sido tormenta en medio de paz, y alivio entre tanta multitud. Y, aunque no te lo creas, he sabido cerrar cicatrices que ni siquiera yo conocía.
Ayer, volvi a mirarte a los ojos, y comprendí que lo único que pasó fue el tiempo. Decidiste marcharte aún sin entender las razones, y me dejaste crecer, por fin. Mientras yo jugaba en aquel precipicio, tu descansabas, ajeno a todo.
A terremotos, a batallas y a mentiras.
La semana pasada, releí nuestras cartas; esas que jamás hablaron de amor, y que solo quien sabe leer entre líneas las entendería. Líneas cargadas de dolor, esperanza y fuerza para continuar, que terminaron convirtiéndose en lo poco que nos queda, aunque quizá demasiado.
El año pasado, seguías en el precipicio, como un fantasma en medio de la noche. Pero jamás te oí gritar, y es que me cansé de esperar tu llamada, tu voz cargada de orgullo, y esa mirada que seguía siendo la misma pero más verde.
Entonces, decidí ser poesía entre tanta prosa, guerra entre tanta paz y el abismo de tu mundo.
Y me tiré, y volé.
Tuve días de no entender el mundo, y días que el mundo no me entendía a mi.
Intenté firmar una tregua que me dio la espalda, y conseguí encontrar la espina que me dejaste clavada, y la destruí, como solo tú lo hubieras hecho.
Hoy, y más que ayer,
y mas que nunca,
te agradezco que me lo pusieras tan difícil, porque gracias a eso, soy lo que soy.